viernes, 2 de septiembre de 2016

Sola, ante el Caos



Chanda Ot nació a finales del 2014, cuando decidí asumir mi autonomía en la creación musical, y me declaré a mí misma compositora, productora, bajista, guitarrista, percusionista, vocalista, pianista, acordeonista, etc. 

Desde entonces me propuse, como experimento, la libertad absoluta, que implica también una soledad absoluta. Rechazo los estudios de grabación, y los sellos discográficos. En ellos condicionan a los creadores para sacar productos de consumo masivo. Se homogenizan los productos para pertenecer a modas y tendencias de consumo. Y de esta manera, se manipula el gusto de la población hacia determinados géneros. Rechazo los géneros musicales. Para mí no son más que fronteras  inexistentes inventadas por los medios de comunicación para controlar el interés, el gusto y el consumo de la gente. En realidad esas fronteras genéricas son artificiales, pues todos los géneros pueden coexistir con los demás sin entrar en contradicción. 

Rechazo los criterios de limpieza, armonía y coherencia que debe tener un producto musical aceptado por el gusto popular y los medios de comunicación. Reivindico la suciedad, la estridencia, que te rompe los huesos. Me interesa el sonido texturado, matérico, plástico. Me declaro anti- pop. Soy, por esto, una Chanda.



Chanda significa en Colombia, algo de mal gusto, sucio, de mala calidad. Les decimos “chandosos” a los perros que no son de raza. Una Chanda es un perro mestizo, que puede ser feo o agradable, pero que nunca será de una raza, ni pertenecerá a un género. Chanda no es blues, está cruzada con otros géneros. Hay unos que dicen, “No me gusta Chanda porque no me gusta el punk”. Hay otros que dicen “No me gusta Chanda porque no es punk”. He ahí el dilema. Musicalmente, Chanda no es una banda de punk. Pero funciona con el recurso de la autogestión, que es un recurso propio del movimiento punk. 

Chanda toma de todas partes lo que le sirve sin casarse con nada, sin llevar ninguna bandera, sin tatuarse el panfleto de un género o una moda. Chanda es flujo creativo sin límites concretos. No creo en las fronteras dentro de la música. Para mí la música no está cuadriculada, ni clasificada, ni dividida. La historia de la música es un organismo rizomático indivisible, una bandeja de material que está ahí para ser reciclado, resignificado, deconstruído.

Por esto, Chanda es una investigación experimental. Soy autodidacta, y considero que en la creación artística está el aprendizaje que necesito, no en una academia de música o en un estudio, lugares helados en donde me quieren domesticar, a mí, perra salvaje.




A partir de una pregunta por la creación y la libertad, comencé a darme mis propias respuestas. ¿Qué es la música? ¿Qué es el sonido? El sonido es una vibración que atraviesa la materia. Es un fenómeno físico, pero al mismo tiempo no es completamente material. Para mí, el sonido es la única expresión existente de eso que llamamos “espíritu”. Si el “espíritu” existe, solo puede ser sonido. El sonido envuelve, transforma, arrulla y desgarra los cuerpos. El músico, o el artista sonoro; es entonces médico, alquimista y chamán.



El primer álbum de Chanda Ot se llama Quebrantahuesos. Abarca una diversidad notable de géneros mezclados, canciones tan diversas como un cover de Pink Floyd chandoso (Set the controls for the Heart of the sun, Chanda cover), la psicodelia de un hueso roído; o una canción de punk que no tiene guitarra ni batería (Revolución). ¿Se puede hacer una canción de punk sin guitarra ni batería? ¿Qué es el punk? ¿Es necesariamente ese manierismo que se repite en todas las bandas de punk, de baterías aceleradas, guitarras distorsionadas, repitiendo constantemente tres o dos acordes? ¿O más bien el punk es una actitud insumisa, una música salvaje que puede destruir todos los platos de la cocina tratando de hacer percusión? Si me rebelo contra esos patrones clichés de que necesariamente una canción de punk debe tener una batería, tal vez estoy rompiendo límites que ni siquiera el punk pudo romper. Y así, encuentro, al fin, música realmente anarquista. 
Casandra Garavito